¿Por qué a algunas personas les duele el brazo después de vacunarse?


El dolor y los sarpullidos son respuestas normales a que nos inyecten sustancias extrañas en el cuerpo. Pero la cantidad de dolor que se siente depende de muchos factores.

Para la mayoría de las personas que han recibido la vacuna anti-COVID-19, el pinchazo de la aguja no es nada. Sin embargo, en las horas posteriores muchas acaban con dolor en el brazo, según casos anecdóticos y datos publicados.

Ese efecto secundario habitual no es exclusivo de las vacunas anticovídicas. Pero a medida que varios países emprenden grandes campañas de vacunación en masa, la prevalencia generalizada del dolor en el brazo genera preguntas sobre por qué algunas vacunas duelen tanto, por qué algunas personas sienten más dolor que otras y por qué algunas no sienten ningún dolor.

Señales de peligro
Varias vacunas son famosas por el dolor que causan en el lugar de la inyección y el porqué comienza con las denominadas células presentadoras de antígenos. Estas células están constantemente al acecho en nuestros músculos, piel y otros tejidos. Cuando detectan a un invasor externo, ponen en marcha una reacción en cadena que, finalmente, produce anticuerpos y protección duradera contra patógenos específicos. Ese proceso, denominado, respuesta inmunitaria adaptativa, puede tardar una o dos semanas en intensificarse.
Por su parte, minutos o incluso segundos después de vacunarnos o de detectar un virus, las células presentadoras de antígenos también mandan señales de «peligro» que dicen: «Aquí hay algo que no debería estar. Tenéis que venir aquí. Hay que deshacerse de esto», explica Moss.
Esta reacción rápida, conocida como respuesta inmunitaria innata, involucra a una gran cantidad de células inmunitarias que llegan a ese lugar y producen proteínas conocidas como citocinas, quimiocinas y prostaglandinas, que atraen a más células inmunitarias y tienen todo tipo de efectos físicos, explica Fuller. Las citocinas dilatan los vasos sanguíneos para aumentar el flujo sanguíneo, causando hinchazón y rojez. También pueden irritar los nervios y causar dolor. Las citocinas y las quimiocinas inducen la inflamación, que también es dolorosa. Las prostaglandinas interactúan directamente con los nocirreceptores (o receptores del dolor) locales.
La respuesta inmunitaria innata no cesa en el brazo. Para algunas personas, el mismo proceso inflamatorio también puede provocar fiebre, dolor generalizado, dolor articular, sarpullidos o dolor de cabeza.
El motivo por el que algunas vacunas causan más síntomas que otras —una tendencia llamada reactogenia— se debe a las estrategias e ingredientes que emplean. Por ejemplo, la vacuna triple vírica (contra el sarampión, la rubéola y la parotiditis) está fabricada con formas vivas y debilitadas de los virus, que causan de forma intencionada una forma leve de infección y estimulan la respuesta inmunitaria innata del cuerpo, provocando una serie de síntomas que incluyen el dolor en el brazo. Otras vacunas, como algunas antigripales, introducen virus inactivados. La vacuna contra la hepatitis B presenta parte del virus junto a sustancias químicas llamadas adyuvantes que están diseñadas para alterar las células presentadoras de antígenos y potenciar la respuesta inmunitaria adaptativa.
Esas sustancias, explica Fuller, «son el primer desencadenante que hace que tu cuerpo diga: “aquí pasa algo y tengo que responder”».

¿Quién siente el dolor?
De las personas vacunadas que conozco, algunas han sufrido poco dolor o no lo han sentido. Otras pasaron días sin poder dormir por el dolor. Un amigo que se puso la de Pfizer me dijo que era como si un boxeador profesional le hubiera propinado un puñetazo.
En síntomas como el dolor en el brazo, la variación individual es lo normal y los estudios sugieren varias explicaciones. La edad puede disminuir las reacciones inmunitarias, por ejemplo. Lo mismo ocurre con los IMC elevados, según descubrió una reciente prepublicación.
Los expertos señalan que es probable que la genética esté implicada de formas variadas y complejas. Y el sexo también importa. Además de la vasta literatura sobre diferencias sexuales e inmunidad, las mujeres parecen sufrir más efectos secundarios que los hombres por la vacuna anticovídica, según pruebas emergentes, aunque el propio virus parece afectar más a los hombres.
La percepción del dolor es otro factor. Cada persona procesa las señales de dolor de forma diferente. Y el miedo y la ansiedad pueden exacerbar las sensaciones de dolor, señala Anna Taddio, profesora de farmacia en la Universidad de Toronto que estudia el dolor relacionado con las intervenciones médicas en niños.

POR: EMILY SOHN – Organizado por Franck Mestra Riveros

Previous Gran Festival de la Cometa Cerro Azul Stereo 2021
Next Omar Geles, el artista de la Feria las Flores en Medellín